jerónimo's profileA muerte con la Vida...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
A muerte con la Vida...Según jero |
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March 02 la cárcel de colorTrabajo como cuidador en un Centro de Menores. Horario nocturno. Una de mis funciones es evitar el trasiego de hormonas adolescentes entre una habitación a otra y de un sexo al otro. Para ello, permanezco varias horas en una sala adyacente a los dormitorios. Como imaginaran no es tarea ni interesante, ni divertida.
Sin llegar a ser cómoda, la salita no tiene mal gusto en su decoración. De la pared color vainilla cuelgan, en su mayoría, fotos de los menores acogidos, enmarcadas con la sobriedad y la eficiencia de IKEA. También hay dos cuadros, comprados en la “tienda de los chinos”, a juego con el color de la pared, de muy buen ver. Ambos representan fachadas de edificios antiguos, propios de principios del siglo pasado. Sobre todo uno, llama mi atención. Representa la esquina de una plazuela, a todas luces cerrada al tráfico. En su centro sobresale la cristalera brillante de un evocador café de la vieja Europa, donde pintado a mano se puede leer: “Spéciala tous le jours”...”Buffet a la carte”...”Chaud et froid”.
Desde mi asiento parece llegar el aroma de ese café en grano, el temple del horno encendido con su barriga llena de croissants, canela, el tufillo agridulce de una pipa encendida. Miéntras más me concentro en los detalles más me alejo de mi asiento laboral y me dirijo hacia el acogedor establecimiento.
La puerta de la entrada parece cerrada pero un cartel en ella advierte de lo contrario. Al abrir la puerta, el tintineo de una campanilla metálica advierte de mi presencia. Una temperatura reconfortante me da la bienvenida, pero de olores sugerentes nada... huele a recién pintado y ceniceros sin vaciar. Las mesas y sillas permanecen desocupadas, casi con cierto aire de aburrimiento. En una esquina, un ordenador encendido desentona con el mobiliario. Un garçon de bigote, pajarita, chaleco y delantal tras una barra de añeja madera maciza, ni se inmuta ante mi presencia.
El camarero no entendía mi horroroso francés o simplemente era desagradable. Sin mediar palabra se dirigió hacia el fondo del mostrador, abrió una puerta y desapareció tras ella. Un tanto perplejo, decido encenderme un pitillo aprovechando estar fuera del curre, aunque me percato que desde aquí, a través de la enorme cristalera, puedo observar qué sucede en la sala donde me aburría hace unos instantes. Una chica acaba de salir de su habitación y, tras cerciorarse que yo había dejado mi puesto de trabajo, se dirige a la habitación de los chicos. Raudo me dirijo hacia la puerta de salida, pero está cerrada. Doy unos golpecitos en la cristalera para que ella me oiga, me vea ,y persuadirla así de sus intenciones prohibidas. No me oye, parece. Vuelvo a intentarlo con la maldita puerta. Nada.
Desesperado llamo al camarero, me dirijo al lugar por donde se fue. Para mi sorpresa y estupefacción, la puerta sólo es una pintura en una sólida pared. Acudo, de nuevo, al escaparate frontal, golpeo con más fuerza, parece cristal blindado. Me siento atrapado, doy patadas contra la puerta, contra el cristal, sin resultados. Tomó una silla para estamparla contra la cristalera... son de poliespan... todo el mobiliario, compruebo, es puro atrezzo. Esto es una trampa, donde he caído como un conejo...
Tan sólo el ordenador parece real y además, como una premonición, esta conectado a Internet. Por eso, escribo con avidez desde hace algunas horas, esperando que alguien me lea y, por favor, vengan a rescatarme de este dantesco dibujo, esta jaula de colores. January 22 El sueño de la realidad
Hoy la realidad se despertó tarde. Para entonces ya se habían derretido las noticias y el café se había vuelto loco. Con su espacio aéreo restringido por la resaca, desayunó las migajas de un amanecer recalentado sin beso añadido. Afuera, a falta de maquillaje, el invierno era sólo frío y el sol tuvo salir con ayuda de una ONG. A pesar de un clima de mierda, las nubes en el cielo celebraban la fiesta de la espuma y la tierra mostraba orgullosa su vientre preñado. Encendió un cigarrillo y volvió a la cama donde, fiel como una perra, le esperaba la soledad. Para hoy no tenía más tarea que regar su colección de palabras polisílabas, mirar por una rendija y escuchar pasos en su azotea. Hoy era la única protagonista de su biografía.
Miéntras el día, con su matinal erección, escurría el bulto, y al tiempo se le caía el pelo, la realidad se preguntó como sería eso de soñar. Siempre quiso probar a qué sabía un sueño, aunque fuera despierta. Pero de eso siempre se encargaba la fantasía, la mejor de sus amantes, la que le enseñó que pisar bien el suelo sólo puede conseguirse después de haber dejado una huella en la luna, la única capaz de calentar aquel mundo de bolsillo, entre sus muslos. Pero ya no estaba. Problemas de convivencia. Con una cerveza agria entre los dedos, una tos anunciada en televisión y una canción de Joaquin Sabina, quiso desconectarse en internet.
Y la realidad se fue a pasear por ese Rastro, donde todavía cualquiera podía abrir su puesto y vender su corazoncito de miga de pan, donde perderse por sus salones llenos de té e infusiones con cuchillas de afeitar, sapos dando lecciones de cómo besar, guerras de sofá, amores con goma dos, amargaritas, adoliscientes, tulibanes, sudamedicados, narcoetas, filotópicos, expañolis, moderaptores, fansones, fansistas, melancohólicos, solistos, contradictos... Y ella, que sólo esperaba confundirse un ratito con la ficción, quedó atrapada en la red.
Allí la encontré. Dí un click en descargar ... y así fue como yo, que sólo era un sueño naúfrago en ese mar virtual, conseguí asirme a la realidad. Ahora vamos juntos hacia mañana, sin cita previa y ni falta que hace. Los sueños por lo general morimos jóvenes, preferentemente asesinados. No importa. Sólo espero que cuando me hagan la autopsia encuentren el guión de una comedia, basada en hechos reales.
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